A banana suspended in a glowing DNA helix structure. Fruit with abstract science background.

Cómo la biotecnología podría proteger los cultivos de los que dependemos.

La marchitez bacteriana del banano amenaza a una de las frutas más apreciadas e importantes del mundo. Científicos de todo el planeta luchan por detenerla y, al hacerlo, demuestran lo vital que será la biotecnología moderna para nuestro futuro suministro de alimentos.

Los estantes de nuestros supermercados aún están llenos de plátanos. Pero esto podría cambiar.
Una devastadora enfermedad conocida como  marchitamiento xantano del plátano  (BXW, por sus siglas en inglés) se está propagando rápidamente y amenaza con erradicar por completo esta fruta. Para la mayoría de nosotros, perder los plátanos sería un inconveniente. Para millones de personas en África, sería catastrófico. La biotecnología podría ser la única solución.

Un producto básico amenazado

Los plátanos son mucho más que un simple tentempié. Solo en África existen cientos de variedades, desde los dulces ideales para postres hasta los ricos en almidón que sirven de alimento básico para más de 70 millones de personas. En algunas regiones, son la principal fuente de calorías, nutrientes e ingresos.

Este cultivo vital lleva años azotado por la BXW, una enfermedad bacteriana causada por  Xanthomonas campestris . Las plantas infectadas se marchitan, se llenan de una sustancia bacteriana amarilla, sus frutos se pudren y la planta muere en cuestión de semanas. La cosecha suele ser nula. La enfermedad se propaga a través de insectos, herramientas contaminadas o agua, y ya se ha extendido por África Oriental. No existe tratamiento, solo prevención.

El desarrollo de variedades resistentes ha resultado extremadamente difícil. Los plátanos para cocinar son estériles y solo se pueden propagar mediante esquejes, lo que hace que el mejoramiento genético convencional sea lento y limitado. Las pocas variedades desarrolladas hasta ahora son más tolerantes, pero no inmunes, y a menudo difieren en sabor y textura, lo cual resulta inaceptable para las comunidades que dependen de ellas.

Éxito a través de la biotecnología

Ahora, la biotecnología moderna ofrece una nueva esperanza.

Mediante ingeniería genética tradicional, científicos del NARO de Uganda y de la QUT de Australia introdujeron dos genes de pimiento en plátanos para cocinar. Estos genes potencian la respuesta inmunitaria de la planta. En ensayos de campo de cinco años, los plátanos modificados demostraron ser totalmente resistentes al marchitamiento bacteriano del plátano (BXW), manteniendo el mismo sabor, textura y rendimiento que los plátanos convencionales.

La edición del genoma ha logrado resultados aún más rápidos.

Un equipo del IITA en Kenia desactivó genes específicos del banano que suprimen las defensas inmunitarias durante una infección. Las plantas modificadas mostraron resistencia total, un crecimiento saludable y ningún cambio indeseado.

Estos son éxitos notables, la primera posibilidad real de salvar a los bananos africanos del colapso. Sin embargo, aún no se sabe con certeza si los pequeños agricultores podrán utilizar estas variedades. Se necesitan más pruebas y persisten los obstáculos regulatorios. Mientras tanto, el escepticismo hacia la biotecnología, a menudo impulsado por campañas de activistas occidentales, ralentiza el progreso. Los avances científicos por sí solos podrían no ser suficientes si el temor público impide su adopción.

La cría selectiva siempre ha cambiado la naturaleza.

La oposición a la ingeniería genética suele deberse a ideologías o malentendidos. Pero la biotecnología no es algo nuevo ni antinatural. Es una extensión más precisa de lo que los humanos siempre hemos hecho: modificar las plantas para adaptarlas a nuestras necesidades.

Mucho antes de que se comprendiera el ADN, los agricultores eran, a su manera, ingenieros genéticos. Seleccionaban plantas por su sabor, rendimiento y resistencia, transformando hierbas silvestres en trigo, bayas en fresas y raíces amargas en patatas. Ninguno de los alimentos que consumimos hoy existe en su forma silvestre. Todos fueron creados por la intervención humana.

El mejoramiento genético tradicional combina genomas completos, miles de genes mezclados al azar. Es posible obtener frutos más grandes, pero también nuevas vulnerabilidades a las enfermedades. La biotecnología moderna, en cambio, permite a los científicos realizar cambios deliberados y específicos. En lugar de reorganizar todo el genoma, pueden activar o desactivar genes concretos, o añadir genes de otras especies, tal como lo hace la naturaleza a través de la evolución.

Más seguro, más rápido y más preciso.

Irónicamente, la tecnología que nos brinda mayor precisión y control suele ser percibida como más peligrosa. En realidad, ocurre todo lo contrario. La cría tradicional es impredecible; la ingeniería genética es deliberada y verificable.

Se han realizado más de 4000 evaluaciones de riesgo de plantas genéticamente modificadas en más de 70 países. Todas llegaron a la misma conclusión: los transgénicos no representan un mayor riesgo para la salud humana ni para el medio ambiente que los cultivos convencionales. Tras tres décadas de uso y miles de millones de comidas, la evidencia es abrumadora: la biotecnología moderna es segura.

Una lección del plátano

La historia del banano es más que una crisis agrícola. Es una lección sobre cómo la ciencia puede ayudar a preservar lo que la naturaleza por sí sola no puede. A medida que aumentan las enfermedades, las plagas y el estrés climático, necesitaremos todas las herramientas a nuestro alcance. La biotecnología puede acelerar la adaptación y proteger los cultivos que alimentan a miles de millones de personas.

Si rechazamos estas herramientas por miedo, corremos el riesgo de perder no solo plátanos, sino mucho más, desde la seguridad alimentaria hasta la propia biodiversidad.

Si las adoptamos con razón y responsabilidad, aún podremos salvar una de las frutas favoritas de la humanidad y, en el proceso, asegurar el futuro de nuestra alimentación.

Nota del editor: El Dr. Simon Maechling es gerente de innovación en Bayer Crop Science.

Fuente: SeedWorld