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Los fitomejoradores son como músicos

A lo largo de los años, he conocido a varias personas que me dijeron que alguna vez trabajaron en I+D y en mejoramiento vegetal fuera del entorno académico, y siempre me ha parecido esa combinación intrigante.

En universidades, programas gubernamentales y organizaciones sin fines de lucro, el mejoramiento y la I+D suelen estar a cargo de las mismas personas. Sin embargo, he descubierto que en las empresas privadas de fitomejoramiento, esas responsabilidades suelen recaer en dos departamentos diferentes, con poca superposición entre ellos. La postura de estas empresas parece ser que, si un fitomejorador realiza un experimento, está desperdiciando tiempo valioso en algo para lo que existe la I+D. 

Eso, para mí, es una estafa para los fitomejoradores. Imagina que eres un músico que toca el piano lo suficientemente bien como para que una discográfica te ofrezca un contrato. Cada vez que esa compañía graba un disco tuyo tocando el piano, vende millones de copias. Pero tu talento va más allá. También experimentas mucho con el rap solo para descubrir que a la discográfica no le interesa. No es por eso que te contrataron. Quieren que sigas tocando el piano para poder seguir vendiendo millones de grabaciones. 

Vemos esa misma dinámica en las empresas privadas de fitomejoramiento. Cuando te contratan como fitomejorador, no tienen ningún interés en que hagas otra cosa. Lo he vivido en primera persona. Cada vez que se me ocurría algo innovador que quería probar, la empresa me respondía: «Bueno, hablemos con alguien de I+D». Así que yo comentaba mi idea con alguien de I+D, quien luego organizaba un experimento basado en ella. En lugar de permitirme realizar mi propio experimento, me limitaba a probar el material que I+D me enviaba y a comunicarles si me gustaba o no. 

El mensaje era claro: como obtentor, era más útil para esa empresa cuando me centraba exclusivamente en su programa intensivo de mejoramiento. Era fundamental completar tres o cuatro ciclos de mejoramiento cada año para poder ofrecer una nueva variedad en menos años. Ese era el único interés que la empresa tenía en mí. Como una abeja reina, estaba allí para criar. Nada más. La investigación era competencia de I+D. Podía beneficiarme de su trabajo, pero no me permitían realizar mis propios experimentos, y eso siempre me ha parecido contraproducente tanto para el obtentor como para la empresa de semillas.

Fuente SeedWorld