Con una oferta varietal cada vez más amplia, elegir qué plantar, qué mantener y qué reemplazar exige mirar mucho más que el atractivo comercial de una uva.
Chris Hanssens es ingeniera agrónoma y máster en Fisiología y Producción Vegetal de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Su trayectoria profesional se ha centrado en la investigación, el desarrollo y la producción frutícola, con especial énfasis en uva de mesa. Actualmente se desempeña como directora técnica del equipo GTS (Global Technical Services) de Sun World, compañía global dedicada al desarrollo y licenciamiento de variedades frutales, para Latinoamérica y China.
El recambio varietal ya avanzó en Chile. ¿Qué preguntas deberían hacerse hoy los productores antes de incorporar una nueva variedad?
Existe una amplia oferta de variedades desarrolladas por distintos programas genéticos, aunque en algunos existe una concentración importante. La oferta es alta, sobre todo en los segmentos de uvas verdes y rojas, que son los que el mercado demanda con mayor fuerza. Las negras hoy tienen muy poca cabida, por lo que una variedad puede ser técnicamente buena y, aun así, tener un espacio comercial acotado.
Cuando uno piensa por qué un productor o una exportadora debería plantearse un recambio varietal, creo que la decisión siempre tiene que ser económica, pero no solamente desde el punto de vista de la comercialización de la fruta. Puede que una variedad sea comercialmente atractiva y tenga buenos precios de venta, pero también hay que poner los costos en la balanza.
La rentabilidad es una ecuación que debe analizarse sin el peso de la historia ni el apego a una variedad. Si no es positiva, hay que identificar qué la explica (rendimiento, calidad, costos o precio) y evaluar si se puede mejorar en un plazo y a un costo razonables. Si no es posible, corresponde el recambio. Un bloque que pierde está siendo subsidiado por otro, y eso diluye el margen del negocio.
Además, cuando una variedad se pone de moda, está el riesgo de crecer sin una estrategia clara. Precisamente porque formo parte de un programa genético, sé que el éxito de una variedad depende del éxito de quienes la plantan. Por eso, mi recomendación es que cada decisión de plantación nazca de un plan definido y de un trabajo alineado entre los equipos comercial y técnico, y no solo de una tendencia de mercado.
¿Qué distancia puede haber entre el potencial que muestra una variedad en los ensayos y su desempeño sostenido en un campo comercial?
Hace unos 10 años se hacían muchos test blocks con múltiples variedades, combinaciones con portainjertos y pocas repeticiones de plantas por combinación. Sin embargo, ese modelo tiene muchos sesgos. En ensayos pequeños, el manejo de plantas aisladas y el efecto borde pueden generar diferencias importantes entre lo que se evalúa y lo que sucede después a escala comercial.
Por eso, hemos avanzado hacia bloques semi-comerciales: hay muchas cosas que se mejoran y se vuelven más consistentes cuando se trabaja en bloques más grandes. Por otra parte, estos bloques permiten hacer un seguimiento de la poscosecha y de la aceptación comercial. Se pueden enviar cajas, ver cómo llegan y conocer la opinión del recibidor y/o de los supermercados. Eso permite acercar mucho más la evaluación a las condiciones reales del negocio.
¿Cuánto puede cambiar el comportamiento de una misma variedad entre distintas zonas productivas de Chile?
Muchísimo. Las variedades tienen una respuesta edafoclimática muy marcada, y Chile no solo es un país extenso, sino que además ofrece condiciones muy diversas: cercanía al mar, exposición al sol, tipos de suelo, entre otras. Cada una de ellas suma variables a la ecuación. Por eso, zonificar es una herramienta muy valiosa, y contar con test blocks en diversas zonas nos permite conocer cómo se expresa cada variedad en cada lugar y tomar mejores decisiones de plantación.
Si pensamos que un programa genético tiene su centro de hibridación en un determinado lugar, esa variedad probablemente haya sido preseleccionada bajo condiciones específicas. En nuestro caso, por ejemplo, el centro de innovación está en California, con un clima mediterráneo bastante seco. Probablemente las condiciones de un clima tropical no hayan sido evaluadas de la misma manera. Por eso, hay que tomar esa variedad, generada bajo determinadas condiciones, y distribuirla lo antes posible en ambientes distintos para entender cómo se comporta.
En Chile, consideraría al menos tres zonas geográficas distintas y cruzaría la información entre ellas. El objetivo no es solo conocer cómo se comporta la planta y evaluar la fruta, sino también levantar información de clima, suelo y fenología, y analizar cómo interactúan todas esas variables.
Una variedad puede producir bien y, aun así, demandar mucho esfuerzo para alcanzar la calidad buscada. ¿Qué importancia tiene hoy la facilidad de manejo?
Esta es una de las características que Sun World ha ido priorizando en la selección de nuevas variedades. No solo porque la mano de obra es cada vez más cara, sino también porque es cada vez más escasa. Muchas labores, como el desbrote, el arreglo de racimos o el raleo, tienen una ventana de oportunidad muy acotada, y si no se hacen en el momento preciso, la calidad se resiente.
Además, en Chile la uva compite con la cereza por la mano de obra, ya que su cosecha coincide con el período de arreglo de racimos en la zona centro-sur. A esto se suma que no siempre se cuenta con personal capacitado para labores específicas, lo que puede afectar la prolijidad del resultado.
Por eso, no es solo un tema de costos: una variedad más fácil de manejar le brinda al productor mayor seguridad de lograr la calidad buscada. En el arreglo de racimos, por ejemplo, lo ideal es que tengan una forma lo más natural posible para que la intervención sea rápida y simple, y que las instrucciones en el campo sean fáciles de transmitir.
Por último, siempre conviene preguntarse: ¿fácil respecto de qué? Respecto de lo que ya existe comercialmente. El objetivo es que cada nueva variedad no solo iguale a las actuales, sino que también aporte más atributos.
¿Qué atributos de la fruta resultan decisivos para que una variedad tenga aceptación comercial?
A una variedad nueva ya no se le pide únicamente que sea rica, grande o crocante: se le exige todo. Debe tener una apariencia atractiva, buen calibre, sabor balanceado y crocancia, entre otros atributos. Cada vez más, la aceptación depende de que esas características se combinen de manera consistente en una misma variedad.
En cada nueva generación de variedades, los atributos no se reemplazan sino que se suman. Hace 20 años, por ejemplo, que una variedad no tuviera semilla podía ser un atributo diferenciador; hoy es un requisito básico, y lo mismo va ocurriendo con otras características que el mercado valora.
En el caso de Chile, además de la calidad, las exigencias de poscosecha son especialmente altas. Por los largos tiempos de tránsito a los mercados de destino, la fruta debe mantener su firmeza, la condición del raquis y su apariencia durante varias semanas. Esto también define qué variedades son las más adecuadas para esta región.
¿Hay características cuyo comportamiento solo puede entenderse a medida que se acumula experiencia con una variedad?
Sí. Podemos tener muy claro el potencial de una variedad y el producto que queremos obtener, pero habrá países o zonas donde ese potencial se exprese con mayor facilidad porque la variedad está mejor adaptada, mientras que en otros requerirá más trabajo o surgirán desafíos que no se habían observado antes. Por eso, cada zona necesita su propio proceso de ajuste del manejo para alcanzarlo.
Como programa genético global, tenemos la ventaja de contar simultáneamente con información de distintas regiones y países. Si la curva de aprendizaje dependiera solo de la información local, sería mucho más lenta. Al tener test blocks y ensayos en distintas partes del mundo, podemos cruzar datos e identificar zonas con condiciones similares para relacionar comportamientos. Cuando una variedad muestra consistencia en ambientes diferentes, disminuye el riesgo al plantarla en nuevas zonas.
Si una variedad no entrega los resultados esperados, ¿cómo distinguen si el problema está en su adaptación, en el manejo o en las expectativas con las que fue plantada?
Es clave combinar el análisis detallado con una perspectiva amplia, y darse el tiempo de entender lo que realmente está ocurriendo antes de sacar conclusiones o proponer soluciones. Un caso puntual o una foto pueden instalar rápidamente una idea que no siempre refleja la situación general.
Lo primero es dimensionar el problema. Si es puntual, lo más probable es que tenga que ver con el manejo o con la historia de ese bloque. La planta tiene una vida, y lo que vemos hoy muchas veces se explica por lo que ocurrió antes. Por ejemplo, un bloque puede mostrar falta de vigor porque la temporada anterior el brote no se desarrolló bien y hoy es un cargador débil que no logra sostener la producción esperada.
En cambio, si el mismo problema se repite en distintos bloques de una zona, o incluso en otras regiones con condiciones similares, es más probable que estemos frente a un tema de adaptación de la variedad.
Por otra parte, están las expectativas. Volviendo a la idea de la foto, puede circular una imagen de una uva de Perú de 32 milímetros y eso cambia lo que se espera, pero ese resultado no necesariamente es realista para Chile. Para bien y para mal, muchas veces extrapolamos resultados, y no es tan simple.
Al final, distinguir entre adaptación, manejo y expectativas requiere mirar la película completa, y no solo la foto del momento.
¿Qué información deberían compartir productores, asesores, exportadores y desarrolladores de genética para tomar mejores decisiones varietales?
La mayor cantidad posible, sin duda. Pero para que esa información sea realmente útil, tiene que estar ordenada y desagregada correctamente. Hoy existen muchas herramientas de inteligencia artificial que permiten avanzar muchísimo en ese análisis, siempre que los datos de base estén bien estructurados.
En ese sentido, Perú es un buen ejemplo: ha avanzado mucho en levantar información a distintos niveles, lo que permite analizar los resultados por productor, campo y bloque. Además, tiene la ventaja de que muchas empresas están integradas verticalmente, desde la producción hasta la exportación, lo que facilita la gestión de la información a lo largo de toda la cadena.
Desde Sun World buscamos compartir con nuestros licenciatarios la información técnica necesaria para apoyar la producción de nuestras variedades: resultados de ensayos y proyectos de investigación, además de guías técnicas que reúnen esos aprendizajes y la experiencia local. También nos reunimos con productores y exportadoras para analizar los desafíos que presentan las variedades comerciales en cada zona.
Es entendible que algunos productores, asesores o exportadoras prefieran reservar ciertos manejos. Pero, en mi experiencia, no existe una fórmula que pueda trasladarse directamente de una situación a otra, porque detrás de cada resultado hay un contexto diferente y un análisis. Por eso, más que replicar manejos, lo valioso es comprender el razonamiento que hay detrás.
En el negocio buscamos que la calidad del producto final sea consistente, pero hay tantos caminos para alcanzarla como realidades productivas.
Si un productor le preguntara qué significa que una variedad sea realmente competitiva para Chile, ¿qué criterios debería mirar antes de decidir?
No hay una variedad de la que se pueda decir simplemente: “Tiene gran aceptación comercial, es la que pide el mercado, por lo tanto, hay que plantarla”. La decisión es multifactorial y requiere equilibrio.
El primer análisis es propio: ¿en qué zona estoy?, ¿qué ventajas tengo?, ¿cuáles son mis limitaciones? A partir de ahí, el criterio debería ser cómo lograr rentabilidad, adaptarse a las condiciones propias y conseguir consistencia en el tiempo.
Si para ser rentable necesito un rendimiento difícil de sostener de manera consistente, el nivel de riesgo probablemente sea demasiado alto. Ser realista y pensar a largo plazo es fundamental.
También es clave mirar el contexto competitivo. Hoy Chile ya no compite solo en prácticamente ninguna ventana de cosecha: se superponen distintos países y variedades que compiten por el mismo segmento. En un contexto de alta oferta, la calidad pasa a ser el principal elemento diferenciador. Por eso, antes de decidir, vale la pena preguntarse si lo que se va a plantar realmente aporta valor y si es posible alcanzar el rendimiento y la calidad necesarias en las condiciones propias.
Ese análisis propio también incluye los factores limitantes. Conocer las fortalezas y debilidades permite trabajar y segregar mejor la fruta, y creo que todavía podemos avanzar mucho en entender el potencial de cada variedad en cada sector y cada bloque. Un buen ejemplo es el potencial de poscosecha: la fruta de algunos bloques puede soportar tránsitos largos, mientras que la de otros debería comercializarse más rápidamente.
La uva de mesa es hoy un negocio maduro, con poco margen para equivocarse. Por eso, los programas genéticos también tenemos una responsabilidad a la hora de filtrar y probar las variedades que ofrecemos. Siempre habrá un ajuste final local, pero nuestro compromiso es identificar los desafíos lo antes posible, buscar soluciones y trabajar colaborativamente para que ese aprendizaje sea eficaz y tenga el menor riesgo posible.
La evaluación de una variedad no termina en su apariencia: facilidad de manejo, productividad, adaptación y condición de la fruta forman parte de la ecuación.
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